lunes, octubre 09, 2006

Doctor Osc ar!

A las 6 de la tarde entre muy nervioso al consultorio del Doctor Oscar Simonetta, “el flaco”, urólogo, amigo de toda la vida, padrino de la mas chica de mis hijas, y compañero de parrandas desde que me acuerdo.

-Hola Marcio - me dijo con una sonrisa picara en su rostro - ¿estas preparado para que te haga unos mimos?.

- Dejate de joder boludo - le dije serio – Darío me dice que en Europa se hace una ecografía para ver como esta la próstata, que no se hacen mas tactos rectales.

- Anda a Europa y hacete la eco – Me dijo el muy puto.

- Dale Oscar, no me hagas sufrir, haceme una eco. – Le pedi suplicante.

- De donde voy a sacar una máquina de ese tipo Marcelo, estas en Argentina, haceme la caridad y bajate los pantalones, te prometo que te trato con dulzura.

- Hijo de puta, no me digas así pelotudo, que me voy al carajo y no me hago el examen una mierda.

- Está bien, está bien, no te enojes, comprende que hay que hacerlo, es por tu bien, no vas a sentir nada de dolor, además hago 70 de esos exámenes todos los días.

- Mira Oscar, si a 70 por día de los mortales del genero masculino de este bendito país les encanta que le rompan el culo, esta bien, a mi no me sumes en esas estadísticas.

- Bueno gordo, para con la histeria, el examen te lo hago yo, sabiendo las cagadas que se mando ese culito desde pendejo, o lo hace otro médico. Además no vas a sentir nada, es un tacto muy sencillo y rapidísimo, y es mas eficaz que cualquier ecografía ya que me doy cuenta si esta todo bien con el tamaño de la próstata.

- Si, que lindo, como se ve que el culo que van a tratar no es el tuyo.

- Pero no seas pelotu...., bueno hace lo que quieras- me dijo irritado-, no te insisto mas.

- Flaco yo se que para vos es una pavada, lo ves con ojos de medico, pero para mi es todo un tema, ¿y si me gusta?.

Se hizo un largo e incómodo silencio, Oscar levanto la mirada de su escritorio y me miro de una forma que jamás, ni en los pedos mas morbosos que hayamos compartido, había visto antes, una mezcla de confusión y sorpresa al mismo tiempo, como cuando uno cree conocer a una persona y te sale con una pelotudes como la mía.

- Marcelo – me dijo muy serio, mirándome fijamente a los ojos y en un tono de voz amenazador– olvidate que soy tu amigo, no me conoces, sacate de la cabeza que soy yo, ahora soy un médico, que recién conoces y te va a revisar.

Seguido me ordeno.

- Señor, bájese el pantalón y acuestese en la camilla por favor.

Lo obedecí sin decir una sola palabra, es como si me hubiera intimidado el tono de autoridad medica que utilizo en ese momento y no me atrevi a discutir.

Llamo a una secretaria creo que también es enfermera, Graciela, le pidió unos guantes, un frasco con vaselina, creo, y me dijo que me arrodillara en la camilla.

Termino el examen y seguido de esto me pidio que me incorporara y me vistiera.

-Mire señor – me dijo en el mismo tono que empleo anteriormente – su próstata esta normal para su edad, no hay signos de que algo este mal, pero le recomiendo que se haga este análisis una vez por año, para prevenir cualquier anomalía que se pudiese presentar.

- Doctor – le dije siguiendo este inusual juego de roles doctor paciente – si esta todo bien, para que tengo que hacer este examen una vez al año?.

- Es lo aconsejable amigo, es probable que su próstata nunca tenga algún problema, pero es preferible prevenir, ya vio usted que el examen es rápido e indoloro, así que mejor evitar una posible complicación, agarrado a tiempo es tratable con medicamentos y no hay que pasar por cirugía.

En eso tenia razón, mi suegro había sido operado de próstata cuando yo estaba de novio con mi mujer, vi lo que sufrió y preferiría que me detecten un problema de este tipo antes de llegar al quirófano.

- Lo dejo amigo – me dijo – tengo otro paciente en 5 minutos y debo preparar el consultorio. Si lo desea pídale un turno a mi secretaria para dentro de doce meses así ya se olvida de sacarlo, ella se va a encargar de llamarlo por teléfono un mes antes para recordárselo.

- Si, gracias doctor – le dije – lo saco ahora mismo.

Luego de esto me dio la mano, y se despidió de la forma cortes con la cual se venia desarrollando la conversación.

-Hasta luego señor Marcelo – me dijo en tono formal-.

- Hasta la próxima Doctor – le dije en el mismo tono cordial.

Saliendo de su consultorio y caminando por el pasillo hacia donde tenia su escritorio la secretaria , habrio la puerta de su consultorio dijo.

- Graciela, por favor dele un turno al señor para dentro de un año.

Luego me miro, me guiño el ojo y me dijo.

- Chau gordito, que lindo culito tenes. Llamame – el muy hijo de puta.

martes, septiembre 19, 2006

Fernando Barros, delincuente.

El negro espejo era una mala persona, su única virtud era ser un magnifico win izquierdo, habilidoso y con una pegada de chanfle que dejaba a los arqueros mirando el ángulo donde entraba la pelota, por eso cuando me dijeron que lo habían matado en Bower, la sorpresa no fue tanta como la nostalgia que me daría de no verlo jugar de nuevo en la canchita del barrio o que me preguntara como había salido en un examen.

Nos conocimos una calurosa siesta de diciembre del 81, yo estaba cazando lagartijas en el baldío del barrio, a la vuelta de mi casa, con Gabriel, cuyo sobrenombre “el ave negra” sería un anuncio de mal augurio para mis padres, por lo que mi vieja me prohibiría, sin éxito, verlo seguido. Tenía 11 años, igual que Gabriel, y una puntería extraordinaria con la gomera.

El, se descolgó al baldío de la tapia que daba a la casa de doña Marta, traía una bolsa con algo parecido a una botella de vino, nos miro unos segundos y se puso a orinar a unos metros de nosotros , tenía 19 o 20 años, su piel era trigueña, su cabello negro y lo llevaba corto, delgado, muy alto para un niño de 11 años, y se notaba lo fibroso de su cuerpo solo con verle los brazos.

Termino de orinar, se sacudió, nos miro de reojo y se presento como Fernando Barros, luego, me robo la gomera, las dos lagartijas que había cazado, unas monedas que mi vieja me dio para caramelos y me metió un chirlo que me dejo la oreja a rojo fuego, "pa que vayas teniendo" me dijo. Igual suerte corrió Gabriel, pero la cachetada no fue tan dura, a mi humilde entender.

El negro espejo siguió con demasiado interés mi paso por la secundaria, y luego cuando ingrese a la universidad y tenía un examen parcial o final, cuando podía, me esperaba en la parada del colectivo, y me preguntaba como había salido en el examen, aun me duele la patada en el culo que me dio cuando me bocharon en Álgebra, estaba en 2do año de Sistemas de la Tecnológica y tenía 18 pirulos.

Este seudo padrinazgo por parte de él me dio cierta clase de status entre el ampa local, me llamaban el espejito, nunca me maltrataron, robaron o golpearon en el barrio.
Jamás, jugando al fútbol, me entraron muy fuerte los contrarios, y aunque mis viejos no quieran admitirlo, sabían que no me pasaría nada, si estaba con el.

Era ladrón, asaltante, ventajero, usurero, mujeriego, robaba coches, casas, a las personas en otros barrios, no tenia ninguna virtud, salvo su habilidad en el fútbol, y ese extraño cariño por un muchachito de barrio que tomo como ahijado cuando le robo dos lagartijas muertas en un baldío, tal vez para velar que no corriera su misma suerte.

Estaba en los últimos años de mi carrera, cuando me contaron en la despensa de la esquina, donde tantas veces tomábamos algo sentados en la vereda, que lo había agarrado la policía robando en una distribuidora de alimentos y lo enviaron a Bower porque ya tenía antecedentes. Hubo una pelea con otro reo, me dijeron, y murió en agosto del 97, con tres puñaladas en la espalda, dos días después que lo fui a visitar y mostrarle mi titulo de Ingeniero.